De A. para F.

20 de mayo de 2021 

Federico, 

He estado pensando en el tema del poder, por eso te escribo. Voy buscando en mis archivos mentales y me doy cuenta de que a ratos confundo poder con voluntad, poder con control o poder con valentía, con coraje. He tenido que recurrir al diccionario para comprobar que todo esto y más son acepciones de “poder”. 

¿Por qué te escribo a ti en este tema? Porque tengo una historia que te puede interesar, o mejor dicho, que te debe importar. Tú tenías una teoría acerca de las mujeres de rojo, ¿recuerdas? La principal ejemplar de esa “especie” era esa mujer que tú y yo bien conocemos, de quien has sido protegé y a quien aquí llamaré NM. 

Me he visto envuelta en una historia con NM que no debo platicarte (por tu relación con su familia), pero bueno, así son las cosas y ahora viene mucho al tema contarla. 

Resulta que hace unos meses recibí un mensaje de texto en mi teléfono de un número desconocido. El mensaje decía: “Tu compañía de Seguros me está informando que aplicaron 22 mil pesos al deducible y que lo demás no procede. Por favor dime de qué se trata. Todo lo que nos solicitaron se les dio.” 

Tuve un sobresalto pensando que yo estaba endeudada con algún servicio médico, pues había estado hospitalizada unos meses atrás y pensé, “¡en la madre, ahora viene la cuenta en dólares!”. Me apresuré pensando que se trataba de mi esposo y contesté: “¿Ahora qué hacemos?”.

Y entonces me di cuenta de que no era él y de que mi celular decía “probablemente NM” en el lugar donde se identifica el remitente. Ya había respondido, así que no quise dar explicaciones sobre el error y lo dejé al olvido. Más tarde recibí esta respuesta: 

“¿Qué hacemos? Te he resuelto todo: la cesárea, las enfermeras, hasta quien vaya y asee tu casa, y aún tienes el descaro de preguntar qué hacemos. Quiero que sepas que ni mi hijo ni la Agencia te va a dar un cinco más. Ya me di cuenta de que es tu corredora de Seguros quien está tratando de exprimirnos. Búscate un nuevo amante, aquí ya no hay dinero.” 

Cuando leí su ortografía perfecta en un mensaje de texto y la mención de “mi hijo”, me di cuenta de que mi teléfono no mentía, sí era NM. Por lo visto NM sigue controlando los hilos de la agencia, del grupo empresarial y de la familia completa. Recordé cuando me lanzó a la calle y me dejó sin trabajo porque pensó que “su hijo” se estaba enamorando de mí; flaco favor que le hizo. También recordé cuando su hija, NC, te acosaba en las oficinas y tú te dejabas querer, aun sabiendo que NM también hacía lo posible por estar cerca de ti y que le hicieras el favor. 

Por lo visto, alguien la estaba bajando del trono, por supuesto pegándole en su lado flaco. ¿Ya ves, Federico? Las mujeres de rojo también tienen un lado flaco, por más temibles que se vean vestidas de rojo de pies a cabeza, enarbolando esa bandera de control que ahora llaman “empoderamiento”. Antes sólo “las de rojo” eran “empoderadas”, o más bien eran tiranas, controladoras, abusivas. 

Como nunca seré mujer de rojo y disfruto mucho el delicado arte de la manipulación, seguí contestando los mensajes a NM, haciéndole creer que la madre del nieto bastardo le respondía. Así que fui tirando jirones de su flamante traje sastre escarlata hasta dejarla tan desnuda como ella me dejara en aquel tiempo en que me despidieron y arruinaron mi reputación como profesionista. 

Si quieres leer cómo su tono dictatorial fue menguando hasta suplicar mi silencio cuando la sorprendí con la noticia de que era yo quien contestaba, tendrás que rendirme cuentas de los quehaceres privados del delfín, con muchas fotos incluidas. 

Federico, ha sido un gusto saludarte, aunque nada comparable con lo que he gozado del enredo telefónico. 

Un abrazo, 

Aurora