De D. para G.

Junio 26, 2021 

Mérida, Yucatán 

He estado pasando en tu carta a R.M. y el propósito que tenías de “domesticarte como un amigo”. Tu segunda carta de junio la comencé a responder y se quedó entre tantos documentos desaparecidos en el abismo-universo de pensares y escritos en algún rincón o dimensión de mi computador. 

Yo, como tú, soñé con un lugar, pero el mío era en “La Montana”, tenía en ella enlazado el futuro, y allí se habían quedado atrapadas y llenas de polvo y moho las ilusionas, las memorias y los deseos que implicaban adaptar ese lugar en el monte para hacer un hogar de familia. Ahora sus veredas, antes verdes y fértiles, tienen muchas piedras pequeñas que las tornaron como si fuesen el fondo de un río seco; cada piedra representa un sueño petrificado, como las horas de un reloj ya recorridas. 

Se petrificó con el tiempo el sueño para muchos y se quedó en ruinas la ilusión para otros. La lucha, la ilumina el sol cada vez que la viste de su luz y hace de las horas vistas en aquel lugar una esperanza aún por realizarse, como el eco de una huella sutil, bella, e impermanente. Pero claro, yo, siendo optimista, veo aún la posibilidad de tornar su estado en un desafío ameno, en el cual puedo llegar a lograr los sueños de los otros y los míos, profundizar en mis experiencias creando un espacio único, diseñado y desarrollado a partir de bosquejos y planos que detalladamente satisfacen cualquier necesidad de los residentes. Pero me pregunto, ¿cuáles serán mis sueños y cuáles de todos? 

“Toma prestadas las sintácticas y las semánticas para crear algo nuevo… algo útil, claro”. Es un buen consejo que nos da Humberto y he tratado en este proceso de deducir no sólo un lenguaje que me ayude a crear una imagen de cada uno de nosotros en el contexto de este proyecto, sino también una imagen de La caja negra en el contexto de la vida que se desenvuelve en nuestro entorno social, político y personal; a ver aquellos puntos que nos puedan acercar más a una comprensión, y si tenemos suerte, a forjar nuevos lazos. 

Tuve mucha dificultad para adaptarme a la idea y a la estructura del libro con estos personajes que me hicieron sentir ofuscada. Usualmente tomo un libro y no lo suelto hasta no terminarlo y lo disfrutó infinitamente. No sabes cuántas veces tomé las lecturas y las tuve que dejar, diciendo: ¡no! Las soltaba por un buen rato y no podía regresar a ellas fácilmente. 

La razón, como lo mencioné antes, tiene que ver con la similitud del pensar de algunos personajes con personas conocidas, y con la frustración que me provocaba el desenlace de las dinámicas que afectan nuestra sociedad; y claro, en mi posición como lectora, no se me permitía hacer ningún cambio. Me sentía frustrada y sin poder dialogar para crear un cambio. 

Hace un tiempo tuve la oportunidad de relacionarme con una familia de Israel y me sorprendió cómo eran capaces de mantener una relación aun cuando existía tanto antagonismo entre ellos. Sin embargo eso los unía. 

En mi esfuerzo por desarrollar y crear ideas en mi postura como docente en mis años universitarios, tuve la oportunidad de ejercer ese poder de crear puentes para que otros pudiesen navegar espacios difíciles, de abrir ventanas para que otros viesen más claro y facilitar la comunicación, como lo hace M. Zakheim. La enfermedad y las catástrofes inesperadas casi siempre traen con ellas nuevas oportunidades para reanudar y encontrar formas alternas, y así generar una unión. Es algo que la naturaleza nos provee con el paso del tiempo

Hace unos meses me enteré de que creció la grama y las praderas tomaron de nuevo su tono verde fértil. En el mes de octubre y noviembre se reúnen allí los patos y los gansos que hacen su viaje migratorio de Norte a Sur y buscan alimentarse en su camino. El lago detrás de la casa los atrae y provee un punto de descanso antes de llegar a su destino. En el jardín se reúne una comunidad de Hasidic Jews en la temporada de verano, y disfrutan la sombra de los árboles. Hace un tiempo, mi querida hermana convaleciente y yo, pasamos el verano en la montaña no muy lejos de lo que vendría a ser la casa soñada, disfrutando todo lo que la montaña provee: tranquilidad, largas caminatas en la noche y armonía bajo un brillante firmamento. En el verano allí no llueve, pero de vez en cuando se pone el cielo gris y suenan los relámpagos, especialmente después de un día caluroso. 

Durante mi estadía en Mérida he tenido la oportunidad de visitar los lugares que hasta no hace mucho, estaban en ruinas, enterrados, casi olvidados, y hoy por hoy están de nuevo llenos de vida. Son lugares de encuentro, donde sueños y deseos se realizan diariamente, minuto a minuto, hora a hora, día a día. 

Volviendo al tema de las conexiones y de renovar los lazos ahora que el tiempo del proyecto se nos acorta, te/les extiendo la invitación de conectarnos. Esta es una invitación pendiente para los que deseen ser partícipes de ella y así forjar nuevas amistades. Sería lindo organizar un evento y así compartir nuestras diferentes formas de creatividad. ¿Qué les parece? 

Me alegró mucho tu carta que habla de Medusa y cómo tuvo el poder de facilitar un reencuentro y un diálogo. Siento mucho por ti la pérdida que acabas de tener y el caos que ha resultado de ella. Pero, hay algo que yo trato de recordar cuando algo así me sucede, un dicho que mi abuela solía decir ante la adversidad: “No hay mal que por bien no venga” y “Una puerta se cierra para que se abra otra mejor”. 

Que tengas una semana llena de nuevas oportunidades. 

Tu amiga (si deseas) 

D. 

No prometo contestar de inmediato pero sí contestaré.