De D. para Ó.

Junio 26, 2021 

Mérida, Yucatán 

Estimado Óscar, 

El jueves tuve el placer de visitar un restaurante tailandés y disfrutar sus deliciosos platillos vegetarianos. Al salir, la luna llena estaba posicionada a la mano derecha del Buddha dorado que adorna el paisaje de aquel lugar. La lluvia había dejado de nuevo las calles vacías y de repente me sentí transportada a un sitio familiar que me inspiraba serenidad, similar a la imagen que Jesús le inspira a María Elena, o a aquel que inspira paz a los ciudadanos de Río, o la clase de paz que la Torah le inspira a Michel; o el mirar la luna, los planetas y las estrellas que me inspiran a mí esta noche de luna roja. 

En el camino paramos en la pequeña casa de C., y la niña de cuatro años que nos acompañaba entusiasmada quiso mostrarme el gato que había recogido hacía dos días. Con sólo semanas de nacido, el gato la había seguido y ella lo había convertido en su mascota. Era de color claro, con ojos azules y muy dócil y dulce. Ella, con una sonrisa sin sus dientes de leche, sonreía feliz, sosteniéndolo en sus largos y delgados brazos cubiertos por completo con una camisa de algodón rosado con flores blancas. En su cabello tenía una diadema con mariposas amarillas y rosadas, y sus ojos azabache brillaban como estrellas. 

La madre preocupada corría dentro de la casa para prepararle algo de comer a la niña mientras le decía, “tienes que comer, amor, tienes que comer, ya se hace noche”. Habían pasado todo el día en el Spa donde ella y su hermana trabajaban, el mismo lugar donde la pequeña pasaba el día leyendo y aprendiendo las materias asignadas. 

Óscar, tu comentario al instante me hizo reír a carcajadas. Fue algo así espontáneo que me permitió liberar tensión. 

Hahaha! 

“Qué historia tan rara. ¿No lo crees? Me atrevería a decir 

que seráa un éxito como una telenovela mexicana, 

y toda las mamás y abuelitas la verían emocionadas.” 

O. 

Hahaha! Después de estar segura y orgullosa conmigo misma de que había logrado mandar tres de mis cartas con anticipación, me vengo a dar cuenta de cómo, en ocasiones previas cuando algo andaba mal, aparecía un icono de un drive en vez de mis cartas abiertas. Traté numerosas veces, no recordaba cómo hacerlo; tengo algo de Boaz, una incapacidad de retener algunas veces lo ya aprendido una y otra vez. Me imagino que lo habréis notado en mis cartas. Así que fue ya tarde, hoy lunes a las 10 a.m., que escribí un mensaje anunciando mis cartas y fue así que, ya subidas, aparecieron abiertas como pdf. Por eso, Óscar, al leer tu carta solté la carcajada. ¡Gracias! Tu carta tuvo el poder de hacerme relajar y reír una vez más, y dejar de pensar en la reputación que me estaba construyendo de llegar siempre tarde o no llegar, de desconectarme cuando lo que deseo es activar o apagar el micrófono. Eso es la dislexia, y el no siempre poder ejercer el poder de hacer lo deseado. Hahaha! 

Hahaha! Yo también puedo visualizar a las abuelitas, y me río porque pensé que yo me podía sumar a ellas y ver cómo la interpretación podía ser visualmente. De inmediato pensé, ¿cómo sería el libro llevado a obra de teatro? ¿O a una ópera? Comencé a imaginarme el escenario, las luces, el tono, etc. 

No creo que la comparación pueda ser una falta de respeto, todo lo contrario, la novela permite a mucha gente que no se dedica a la literatura o no le gusta leer, a disfrutar un libro actuado en el escenario, pues le da más vida; especialmente a las abuelitas, que pierden la visión con los años y no tienen paciencia para leer. 

Tu idea me hace que recuerde una novela, alcancé a ver algunos de sus capítulos mientras visitaba mi país, allí les apasiona, se llamaba El clón. A mí me atrajo el nombre por su implicación y mostraba mucho sobre la cultura musulmana. Las pocas veces que pude llegarla a ver, quedaba casi hipnotizada escuchando las voces y características de ese mundo que yo aún no conocía. Algo similar me ocurrió al encontrarme un día de tantos en Brooklyn, New York, después de haber cruzado el Manhattan Bridge que me llevó en una larga caminata de primavera a Williamsburg Brooklyn, la meca para la comunidad Hasidic. Vestidos modestamente de negro, mujeres y hombres caminaban por las calles en grupos; los hombres con sus sombreros de felpa y las mujeres con su cabello atado o cubierto con una bufanda o una peluca de cabello natural. Los dos grupos usaban abrigos negros de algodón o paño, aún en el verano. El estar allí me abrió un mundo maravilloso y exótico. 

Yo aprendí viajando por el Goby que entre más te cubres menos calor sientes, y si usas paño te protege del sol y el calor. Allí en Brooklyn, una conoce a la gente creyente y devota Judía que se reunían en grupos a rezar en los diversos templos. El Yiddish se escucha por todas partes, y el estar allí te transporta a lo que parece ser otra era. Ellos, los Hasidic, son los que también controlan la industria de Diamantes en N.Y., por lo general, vienen finamente presentados en terciopelo negro o en una caja negra, para que así brille su luz propia y resalte su claridad. Si caminas por la calle 45, la caja negra sólo la usan al vender la joya, y las piedras las venden cubiertas con papel blanco o pálido azul claro. La comunidad tiende a ser segregada por género y no se le permite a la mujer tener comunicación fuera de su comunidad, sin permiso de su marido o supervisión. Siempre se trata de mantener la distancia. La comunidad así se protege de influencias negativas, aunque puede haber algo irónico en este tipo de relación, como nos muestra Oz. 

Me gusta tu análisis, me parece interesante. La verdad es que me hace reír y reír. Mientras te leo, río, y creo que la razón es que el libro me mantuvo en estrés la mayor parte del tiempo, aun cuando ya había intuido por qué Oz había escrito de esta manera ingeniosa el libro y decidido presentar las diversas dinámicas de esta forma tan brusca de ejercer el poder entre amigos, familia y conocidos; pienso que crea un espejo para reflexionar. Descubrir el genio de su obra no redujo mi estrés por el diálogo entre los personajes, ellos aún me molestan profundamente. 

Tus comparaciones sí me parecen graciosas, o mejor dicho, lograste aliviar el peso con que este libro me dejó y me hiciste reír. La realidad es que la situación sigue tensa entre Israel y Palestina, y además de sus luchas por el territorio, está el estrés que ocasiona la pandemia, las muertes de conocidos, amigos, y familiares, si adquirir o no la vacuna. El desempleo de muchos y la falta de dinero, las circunstancias entre ricos y pobres en el mundo, es palpable en nuestra realidad y en toda la narrativa. 

La caja negra de Oz me hace pensar en el poder y en las formas de ejercerlo: como lo hacen las grandes familias y sus compañías contra las pequeñas empresas, y cómo dominan los mercados; en contra de los desplazados latinoamericanos migrantes por parte de los norteamericanos y sus autoridades; y no puedo dejar de mencionar las relaciones entre hombres y mujeres, el poder que los hombres aún ejercen sobre las mujeres. Ahí está el caso de Ilana, Michel, Alex, y ante los ojos de Michel, Dios y la sociedad. Claro, también está el poder que cada uno de nosotros ejercemos al decidir qué escribir, cómo, a quién, en qué forma tratamos de respetar las reglas o como mi caso, cómo terminamos rompiéndolas. 

Yo también visto hoy de negro, el color de preferencia en América del Norte, y hoy guardo luto. 

Óscar, ¡gracias! 

Diana