De E. para J.J.

6 de mayo

desde un lugar con dosis de cortisona que me provoca mucha irritabilidad
e inestabilidad emocional que me cuesta mucho trabajo controlar

Hola, J.J., 

De la carta que dirigiste a Y. me gustó mucho la última frase sobre los silencios incómodos. Me hiciste recordar una homilía que escuché de un cura cuando viví en Allende, Nuevo León; era parte de la formación sacerdotal que llevé hace muchos años y me ha ayudado para entender el nivel de empatía que tengo con una persona que está en una relación o en la interacción general.

Él decía (y quiero pensar que fue parte de su experiencia de amor) que cuando una pareja de enamorados está junta y por momentos no habla, pero tampoco tiene la necesidad de interrumpir ese silencio cómodo o incómodo y que incluso la misma sensación del silencio les genera paz y estabilidad, es un parámetro para decir que esas dos personas tienen un nivel de amor y empatía alto.

Obviamente no hay información científica para comprobarlo, ni tampoco cómo validar lo que te acabo de decir, pero ese comentario me ha ayudado mucho, al momento de estar con una persona, a afinar y mejorar mi intuición. Los silencios, cuando estoy con alguien, son como los niños de esas albercas en pleno verano en un rancho de la Villa de Santiago, se sienten frescos, fluidos y, sobre todo, no se quieren salir de ahí. En mi experiencia, me ha dado estabilidad y cierta seguridad al estar con otra persona para profundizar o desechar una relación interpersonal que se presenta en mi vida.

En cuestión de relaciones tengo mucho que aprender (y creo que todos, o al menos eso quiero pensar para no verme como una persona por completo nula en lo que a relaciones amorosas se refiere), y a pesar de que me es muy complicado entablar una relación de amor en los inicios, e incluso a veces entre amigos, tengo que hacer mucho esfuerzo para poder entender a la otra persona que se me acerca. Si te soy muy sincero, soy como un “panda en tobogán”, ya que cuando me entrego o logro hacer una conexión, soy una persona que lo da todo, sin mirar; me vuelvo una persona muy fiel, atenta y sobre todo, busco complacer en lo que se necesite, es decir, soy muy servicial. Esta cualidad también me ha perjudicado, pues algunos lo interpretan como que soy una persona muy “intensa”. Mis amigos, a quienes considero también como mis grandes amores, han sabido “aguantar mi intensidad”, pues logran delimitar y definir mis intensidades; además de que todos tienen un perfil de honestidad y son muy directos (como yo), lo cual me ayuda a detenerme o a avanzar en las locuras o desmanes que a veces se me van ocurriendo.

Mi querido J.J., hablar de amor me duele porque creo que soy un fracaso, pero cuando miro tantas muestras de amor y cariño de amigos muy cercanos, colegas de trabajo o conocidos que me aprecian, de una u otra manera logro compensar y calmar mi ansiedad sobre mi falta de experiencia en el amor. Al final, a pesar de tener una veta de fatalismo existencialista en cuanto a la imposibilidad de las relaciones interpersonales, creo que sí sé amar y sí soy amado, me falta mucho por aprender y muchas casillas que llenar en esos temas, pero creo que nunca terminamos de aprenderlo todo.

Ahora, un silencio incómodo:

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Saludos, 

E.