De H. para J.

Junio 16, 2021

Le envío el mar y los últimos árboles de los alrededores,
grandes cactus tristes. También mi silueta sobre la roca. 
¿Le gustan?
Saint-Exupéry. Casa Blanca, 1921 / Cartas a su madre

Estimado José,

Luis comenta en la carta que te envía (hablando de leones y humanos) que solemos sólo pensar lo que sabemos; eso fractura -dice él- y señala la importancia de intentar pensar en lo que no sabemos. Tú ya lo habías indicado: “cuando me he sentido llevado por alguien o algo, últimamente ha sido también por lo que no se dice. Y ante eso me siento indefenso.” Todas esas voces me hablan de otro poder, del íntimo, del   que insinúa el deseo… ¿Qué será un epígrafe?

I

La táctica es así:

En las últimas 7 cartas que he enviado, y en las siguientes 7 que faltan para terminar este proyecto, he decidido no sólo hablar de los temas que atraviesan las cartas de los autores escogidos, enlazando cierta intimidad en el encuentro con un remitente, sino también seleccionar epígrafes extirpados de las cartas de otros conocidos autores

para no perder algo que para mí corre como una irremediable repetición (cartas de cartas con cartas).

¿Pero cómo escogemos el epígrafe, pequeña cita al comienzo de un escrito que sugiere la presencia y la ausencia (todo al mismo tiempo) de eso que no vuelve y que regresa?

II

El poder, el verdadero poder de Ilana es casi invisible, se esconde detrás de las cosas comprensibles y atesora esas grandes ausencias que han dejado el abandono, la carencia, los desiertos que ven brotar el agua sólo… casi… como un reflejo, como un deseo insatisfecho. Siempre hay un fantasma que interrumpe las zonas desoladas para mostrar la despreciable falta de todo lo que hemos conocido. Ni siquiera el presente se salva de ser falso: toda esta larga ficción que presume la conciencia como una pérdida  constante del buscado mundo de lo real. La puerta es el epígrafe. Su reflejo (reiteración o reproche) no es la presencia sino la ausencia que ahora se ve.

III

Tal vez es difícil entender… mejor te cuento: ya era tarde, anoche ya era tarde. Yo caminaba con mi perra por la calle 14. A mi derecha escuché un río que corría cerca, a pocos pasos; pero la lluvia se había terminado horas antes, sólo había hojas húmedas, sombras mohosas. Sin duda no había ningún río, era como una aparición sonora, un atractor íntimo pero extraño. Algo, algo quería decir. Lo escuché por varias manzanas sobre el pavimento seco; volteaba, quería cambiar la posición de mi cabeza  (el ángulo receptor) pensando en que mis frágiles tímpanos desviaban la recepción. 180º, el oído derecho es más sensible: ahora quedaba el río a la derecha confirmando sus rumores con mayor precisión. Valentina jalaba ansiosa en dirección al agua y yo la retenía tratando de separarla, de alejarla del flujo sonoro invisible, del ruido inexistente.

IV

Cuando llegué a casa estaba muy cansado… me acosté, me dormí, me volví otro a la mitad de la noche. Más tarde, poco o mucho después, desperté por un ruido en la sala. Al salir a pactar el reflujo de los rastros sonoros, sin querer, rocé con la mano y cayó al piso el pequeño cuadro de marquetería con la foto de mi padre (murió hace 30 años y se la tomé hace 50) que estaba en el mueble que se une a un gran espejo en mi recámara y éste (el retrato) al caer, golpeó la pequeña vasija donde flotan las blancas flores de mayo (ya es junio)… que siempre pongo a modo de homenaje a la distancia que se estira (como una liga) en el tiempo… el agua salpicó y sonó contra el vidrio, contra el muro, como si fuera un río, casi el mismo que escuché en la calle. El ruido afuera y/ o adentro se rompe como si alguien caminara en el agua junto a mí. No sé si algo o alguien, qué o quién, positivo o negativo… va a pasar o pasó… fue o será. Nada más poderoso que el miedo del eco interior.

V

¿Quién quiere sumar, implantar, integrar algo que no comprende? ¿Esa mirada en los oídos que aún recuerdan la propia sombra? Que suceda no es tan raro, algunas veces entro en otras dimensiones sin querer o alguien entra en las mías…

VI

Duns Scoto pensaba en la agregación de una última realitas a la naturaleza o forma común, esa que ofrece una suerte de individuación, una ecceidad (he-ahí-dad).

H.

P.d. También mi epígrafe sobre la página. ¿Te gustan?