De J.M. para Y.

28 de abril de 2021 

Hola, Yolanda

Revisando las cartas de los compañeros me encontré con tu carta de amor, ahí donde comentas que las experiencias más significativas de las personas con las que has platicado son las del dolor sentimental, dolor que relacionan con el amor. En la carta que compartí con Monserrat y Jesús cuestionaba el sentido del amor: cuándo dejaba de ser amor o como bien dices, cuándo se convierte en desamor, en qué momento el límite entre el amor y el sentimiento se transforma en otra cosa; en fin, ese tipo de preguntas y otras planteaba en una historia entre verdad y ficción. 

Te comento lo anterior ante la sorpresa de que el mayor sentimiento de dolor sea una vivencia sentimental. Me pregunto nuevamente si eso que llamamos amor es lo que reconocemos como aquello que se ha estandarizado en lo cotidiano, a modo de cultura, y que se representa mucho en el tiempo de ocio o diversión a través de los diversos medios de comunicación. 

Mientras te escribo, recuerdo la película hindú Agua. Es una historia que se desarrolla en la década del cuarenta y recupera una serie de tradiciones, costumbres, creencias e ideologías de ese país para el que el amor es una concepción lejana a la de Occidente. Ahí, el “amor” concluye con la muerte, con conciencia o inconciencia del entendimiento del amor hacia la pareja. El amor se ve limitado por la religión y las costumbres. En la película, se muestra la vida en una “casa de viudas” donde habitan mujeres y una niña que fue obligada a casarse con un hombre muy mayor. La pérdida del esposo la condena a una viudez sin llegar a conocer el amor, o tal vez el amor es otra cosa para ese pueblo. También se presenta el amor por la familia, pero ése lo reservo para otro momento. 

No sé cómo categorizar el amor ni tampoco si es posible hacerlo. En las personalidades que contenemos habrá distintas maneras de expresarlo y que son muy disímiles de los referentes que conocemos a través de la familia, del cine, etc. Desarrollamos una noción particular de lo que es el amor que tal vez se desprende de las vivencias y experiencias personales, a través de las cuales designamos qué es lo importante que da forma a ese amor

Respecto a la memoria que se tiene de una mayor experiencia del dolor que al parecer muchos relacionan con lo emocional, tal vez se deba a que lo emocional se ubica en la memoria y se vuelve a significar en el momento en que algo detona el recuerdo; a diferencia del dolor físico que puede quedar en el plano de la anécdota. En lo personal, coincido en ubicar el mayor recuerdo de dolor en lo emocional. Hay recuerdos en los que los valores que imaginamos (expectativas) los observo como una pretensión y conviven con otro sentimiento que se llama del mismo modo pero que significa otra cosa. Tal vez por eso quienes nos rodean lo reconocen e incluso lo desean, o bien lo descalifican con gran incredulidad por dudar de su existencia. Naturalmente, respecto a este tema no hay ninguna verdad escrita, por lo que seguro sólo estoy externando impresiones. 

Retomo la historia que compartí con Monserrat y Jesús, y la relaciono con tu carta. En aquella historia que vivió mi amigo Alejandro, creo que él transitó de un sentimiento de amor a otro que reconozco en la tristeza. Me vuelvo a cuestionar sobre la continuidad del sentimiento y si se puede explicar como un sentimiento poderoso de pena, tristeza o lástima.

 Casi lo olvido cuando envié la primera carta, dudaba si enviártela a ti o a Monserrat, pensando en encontrarme con dos posturas diferentes en relación con la práctica del amor, así como con las acciones que tienen lugar en un contexto que influye en la interpretación de su significado; quería, a través de la historia de mi amigo, ampliar mi entendimiento respecto a su sentir. En ti identifiqué otra manera de la práctica amorosa que no tiene que ser la primera emoción que surge, sino que es parte de un universo con varias emociones, que puede resultar disfrutable y divertido, como en el cine de comedia. Sólo tal vez. 

Saludos,