De L. para A.

26-27 de julio, 2021 

desde la Cantina Consuelo, donde nada es real pero todo es posible, 

La Lagunilla, CDMX

“I can’t help but wonder what’s on the other side

I want love love love love love
Love love love love love
Love love love love love
All around me
All around me”

Violent Femmes 

Querida Aurora,

Gracias por contestar, deseo que todo vaya muy bien en esa casa, que ya estés en la que te da eco y consuelo. Me suena a que hay un luto y me identifico. Lo siento. Este luto colectivo sólo se acentúa con la continuidad de la vida, que a su vez tiene sus propios duelos. 

Luisa es una de mis mejores amigas, que lamentablemente falleció en el 2018. Fuimos amigos por 10 años, había una diferencia de edad de 25 años, ella leía implacablemente y ayudaba a todos, sin diferenciar entre los que quería y los que le dolían. En los últimos años trabajó en mi bar favorito, el Gargantúas, lo que era extraño y bello pues, antes también ella se juntaba ahí; todos éramos amigos, pero como sabes, entre amigos hay poderes. A veces, después del bar me iba a su casa y escuchábamos música, muchas veces Fito Páez (su frase favorita era “música para camaleones”, ella no escuchó a Bocci), platicábamos de libros y de la vida. A veces me regañaba, a veces le gustaban mis travesuras y me echaba porras. Al final, se enfermó de un tumor en el cerebro, todos pensaban que sería en el pulmón porque fumaba más que yo. Como suele suceder, en sus últimos días no hubo mucho más que hacer, y aunque uno quisiera saber otras cosas, el amor es más grande que la palabra amor, el dolor es más grande que la palabra dolor. Algunas amigas le han hecho homenajes, yo también. Cuando la conocí coleccionaba además de discos, objetos de gatos, en sus últimos años ya no quería acumular y su colección era una lista anual en la que apuntaba todos los libros que leía. Me las regaló, quisiera tenerlas aquí para describirlas.

Si no hay inicio y no hay fin, ¿cómo saber que cerramos algo? ¿Cómo saber que comenzamos algo? Dice el casi doble muerto José Luis Martínez que: “En materia de poesía no hay conclusiones precisas, así como no hay comienzos… no hay ni lo uno ni lo otro, son expectoraciones”. 

Cuando llegué a la CDMX para esta exposición, también tenía otro objetivo en mí. El año pasado me separé de mi esposa, vivíamos juntos en la colonia Álamos con sus dos niñas a las que amo como mis hijas. Nos separamos de una forma muy extraña porque decir insatisfactoria sería más extraño, no por lo la pandemia en sí, sino por una incapacidad mutua de ser menos cada quien para lograr ser un nosotros. Repetimos tanto nuestros vicios y dolores personales que no logramos concretar el sueño. Ardemos de amor, pero no de capacidad y paciencia para entenderlo. Lo cual es bello, pero un incendio. Por casi un año he sentido que hay amor, quizás ya no relación, pero sí necesidad de un signo de cierre más apegado al amor. Cuando planeaba el viaje busqué hospedaje en la misma colonia, estaba loco. Luego hubo otras opciones con unos amigos, uno más lejos, uno sin cama, una que sabía que a ella le causaría más fuego. Finalmente, la mejor opción fue con Felipe, el hermano de uno de mis mejores amigos, Miguel Salinas Méndez, y que además implicaba pasar a diario cerca de mi excusa, pero no estar adentro. Pensé, como siempre, que con el transcurso de los días y poniendo atención a los encuentros, podría quizás quitar la ansiedad de mi cuerpo, que los encuentros ofrecerían una solución. Que no es lo mismo a acostumbrarse al dolor. Simultáneamente le avisé que estaría en la ciudad, (ella ya lo sabía), y que estaba con la disposición y el deseo de verla. Llegué con varios libros, mi amigo Carlos decía que estaba bien pues, aunque no los leyera todos, me darían confianza. Uno de ellos es La lámpara de psique de Marcel Schwob que compré precisamente antes de ser deportado a Monterrey y que no había tenido el valor de leer, a pesar de que muchas de mis lecturas lo sugieren. 

“Cuando el loco persiste en su locura se vuelve sabio”
William Blake

El conocimiento habrá de unir lo que ha desunido. Colecciono varias cosas. Toda mi vida he sido un caníbal sin saberlo, pues lo poco o mucho que he generado siempre lo emprendo en comidas y fiestas, en crear espacios para platicar. Tengo muchos libros, discos y obras de arte de amigos que me gustan más por su contenido que por su cuerpo. Ningún incunable, solo entrañable, incorporable. Mi mayor colección es mi bitácora. La he llevado en varios lenguajes (dibujo, casete, foto), pero la que más valoro y practico son mis cuadernos. En ellos, el collage es una herramienta de pensamiento relacional que me permite pensar cosas que no había pensado y que, al estar juntas, la evidencia de mi propia existencia, hacen real lo que imagino y lo que no había pensado. Reúno en mis múltiples cuadernos (siempre uno grande, uno que quepa en la bolsa de la camisa, y muchas hojas sueltas que a veces incorporo) un intento por captar la percepción y lo cotidiano, todo lo que puedo relacionar especialmente pensando en el proceso creativo, y proyecciones de mi propia narración que se funden con mundos posibles. Específicamente colecciono palabras como traducciones, clasificadas en algunas categorías como:

  • Descripciones de percepciones de la percepción
  • Cosas que me hacen pensar en otra cosa
  • Citas de reflexiones del proceso creativo
  • Cosas que pueden ser ejercicios creativos
  • Citas de cosas que dice la gente que en otro contexto pueden ser profundas o perturbadoras, o simplemente que sin contexto son interesantes
  • Canciones que hablan del agua, en específico, o mejor, las que hablan del flujo de los ríos o del oráculo en las olas del mar
  • Argumentos asociados a la alteridad u otredad, lo que sugiera que para hacer arte o para existir hay que convertirnos en otros (que tomo como metáfora del aprendizaje)
  • Cosas que le pueden gustar a mis queridos
  • Momentos en que mis queridos me describen a mí
  • Momentos en que parecen cruzarse el universo artístico y el cotidiano
  • Cosas que suceden a otros que yo quiero hacer
  • En este momento, citas referentes al canibalismo como proceso de aprendizaje e incorporación
  • Etc.

Pongo letras o jeroglíficos a modo de nomenclatura. A veces (es la parte más importante) reviso los cuadernos, casi siempre al azar, cuando es por trabajo o por una curiosidad específica buscando ciertas nomenclaturas. Lo importante es volver a ver con la sensación y el conocimiento actuales. Suele ayudarme a crear nuevas conexiones para iniciar algo de lo que ya era parte, como cuando tomas carrera para subirte a una bicicleta, y no sabes hacia dónde pedalear más que hacia allá. Como cuando según Raúl Zurita, al escribir un poeta, escriben todos los demás que han escrito, pero desde aquí, y desde los que escribirán. Trato de no dejarme dominar por el chantaje de la realidad, sino de permearme del entrecruce de todo lo que ha sido desnudarme ante mí y ante los demás. 

Sonó al azar Some Misunderstanding de Gene Clark y me detuvo, quizás lo necesito para la carta que le escribo a ella o la del cierre de la exposición, o para la cantina La resurección, te la comparto: https://www.youtube.com/watch?v=W1oGyxLtqok

Después de las lecturas del seminario no pude evitar saltarme a Schwob. Un día, ella me llevó a las librerías de Quevedo, yo no tenía presupuesto para libros, pero me compré varios; inicié con Butes de Pascal Quignard. Como suele suceder, no entendí mucho y me fui con el impulso de buscar esa historia del inicio de la pintura y la escultura cuando la novia de Butes traza su sobra en la pared, el libro es un ensayo acerca del salto al vacío, del canto de las habitantes de Sirena; habla del canto natural antes del lenguaje. Ulises quiere escuchar, pero se hace atar de piernas y brazos (el seguro), Orfeo no quiere escuchar y mejor toca su lira (la reafirmación del lenguaje sobre lo natural), pero Butes salta. Salta a la vida y a la muerte a la vez, como nacer, o hacer el amor, como tener dudas, como entender algo. He pensado mucho en eso al ir a intervenir mi exposición bitácora cada día, hacer es mi salto al vacío. Como le decía a Juanjo, no morir, sino la tensión del saltar entre morir y seguir, es la vida misma. Aurora, quisiera vivir a ser muy viejo y varias veces, pero también estoy contento con lo que ha pasado

Cometimos los mismos errores, al mismo tiempo conocí al sol en varios nuevos amigos, no una sustitución, sino otro espacio de relación. El aliento y el alimento de una persona enamorada es escuchar amor de la amada. Recibir un eco que más bien es un reflejo de lo desconocido en cuerpo de comprensión. Cuando no se escucha la voz entra una tensión que parece nerviosismo, como si el aparato cuerpo se ocupara en demasiadas tareas al mismo tiempo, y se pone en peligro avanzar, mucho más la posibilidad de flotar; te aferras a lo que no es, pues el sueño se va. Retomé La lámpara de psique, esto es un cierre. No es una lectura fácil para el trolebús, pero podría ser obligada, cada día un cuento, traducirlo, platicarlo. Varias voces del ser mítico que organiza la cotidianidad. Necesito dedicarle más tiempo, volver a ser más espiritual. Perdonar. 

Me invitó Aldo Sánchez a ver la expo del Museo del Estanquillo, arriba hay un Educal, tenían unos tomos de la colección de traducciones de Pitol que me faltaban, compré dos, de haber sabido que había descuento hubiera tomado todos. Disculpa, Marcel, en el camino de vuelta a casa comencé a leer Las puertas del paraíso de Jerzy Andrzejewski. Me quedé en el prólogo de Pitol. Es una adaptación de un cuento de Schwob. 

En la carta anterior, cuando dije que no era la exposición más importante de mi vida, mentí, era un mensaje cifrado, quería decir que no es el amor más importante de mi vida, lo traduzco, o intento comunicar mejor, aunque no me concedo decirlo. Humberto me dijo que “despedirse [bien] es no despedirse”, y lo entiendo cada vez más, la puerta no se cierra, pero es la única forma de seguir y empezar a organizar todo lo que ha pasado. Con la sobra de esa resolana, el eco me guía a un desierto lleno de lavandas que sembré en un museo. Hoy por la mañana, mientras me preparaba para salir, después de Aristegui, con ganas de ser yo, al azar salió una presentación del libro (que no he leído) de Valeria Luiselli con Vila-Matas, ella cita el libro que leo de Andrzejewski, pero lo llama con el nombre original de Schwob. Quizá estamos hablando de lo mismo, pero necesita otra organización. Estamos haciendo otra organización.

Querida Aurora, colecciona y desprende. 
En los días en que no pienso en ella, pienso en todo incluyéndola. 
Ojalá sigamos escribiendo después del seminario,

El tiempo me dará la locura, no la razón.
Isabel Bono

Abrazos sinceros,
Luis  

P.d.: Como sé que esto se va a publicar, y Juan Luis Martínez me está ayudando a atravesar el umbral, pero no encuentro nada impreso de él, adjunto dos poemas suyos pertinentes para nuestra conversación y con el deseo de que el o la editora los ponga en circulación:


LA DESAPARICIÓN DE UNA FAMILIAJuan Luis Martínez

1.  Antes que su hija de 5 años

se extraviara entre el comedor y la cocina,

él le había advertido: “-Esta casa no es grande ni pequeña,

pero al menor descuido se borrarán las señales de ruta

y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza”.

2.  Antes que su hijo de 10 años se extraviara

entre la sala de baño y el cuarto de los juguetes,

él le había advertido: “-Esta, la casa en que vives,

no es ancha ni delgada: sólo delgada como un cabello

y ancha tal vez como la aurora,

pero al menor descuido olvidarás las señales de ruta

y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza”.

3.  Antes que “Musch” y “Gurba”, los gatos de la casa,

desaparecieran en el living

entre unos almohadones y un Buddha de porcelana,

él les había advertido:

“-Esta casa que hemos compartido durante tantos años

es bajita como el suelo y tan alta o más que el cielo,

pero, estad vigilantes

porque al menor descuido confundiréis las señales de ruta

y de esta vida al fin, habréis perdido toda esperanza”.

4.  Antes que “Sogol”, su pequeño fox-terrier, desapareciera

en el séptimo peldaño de la escalera hacia el 2º piso,

él le había dicho: “-Cuidado, viejo camarada mío,

por las ventanas de esta casa entra el tiempo,

por las puertas sale el espacio;

al menor descuido ya no escucharás las señales de ruta

y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza”.

5.  Ese último día, antes que él mismo se extraviara

entre el desayuno y la hora del té,

advirtió para sus adentros:

“-Ahora que el tiempo se ha muerto

y el espacio agoniza en la cama de mi mujer,

desearía decir a los próximos que vienen,

que en esta casa miserable

nunca hubo ruta ni señal alguna

y de esta vida al fin, he perdido toda esperanza”.

+ Como Rainer María Rilke me enseñó, este lo transcribo, de la voz de Martínez:

El canto de los pájaros

A través de su canto los pájaros, 

Comunican una comunicación en la que dicen que no dicen nada

El lenguaje de los pájaros es un lenguaje de signos transparentes en búsqueda de la transparencia dispersa de algún significado

Los pájaros encierran el significado de su propio canto en la malla de un lenguaje vacío, malla que es a un tiempo transparente irrompible

Incluso el silencio que se produce entre cada canto, es también un eslabón de esa malla,

Un signo, un momento del mensaje que la naturaleza se dice a sí misma

Para la naturaleza, no es el canto de los pájaros 

Ni su equivalente a la palabra humana sino el silencio

El que convertido en mensaje, tiene por objeto establecer, prolongar, o interrumpir la comunicación, para verificar si el circuito funciona, y si realmente los pájaros se comunican entre ellos a través de los oídos de los hombres 

Y sin que estos se den cuenta.

Nota: Los pájaros cantan en pájarístico pero los escuchamos en español. Y el español es una lengua opaca, con un gran número de palabras fantasma.
El pajarístico es una lengua transparente y sin palabras.