De P. para K.

Mérida, Yucatán, a 18 de octubre, 2020

K.,

Leí tu carta por la mañana, pero no tenía palabras para contestar, o no tenía el tiempo para esperar a que las palabras acudieran. Ahora hago una pausa en mi lectura. El ventilador suena en un bucle mecánico y a lo lejos ladran los perros, Panda les contesta. Panda es una perrita de un año a la que le gusta escuchar Bill Evans. Ahora fumo un marlboro y tomo café, me preparo para no dormir.

Sobre el recuerdo de aquella noche. Como seguramente supones es un recuerdo que no se va a ir, nunca. Pero ya no regresa con dolor. Cuando todo era reciente soñaba que yo mismo era el asesino. No sé cómo se sintieron quienes fueron a la fiesta. El grupo entero se fracturó. Es ahora, después de tantos años que puedo hablar de ello, y me alegra que sea aquí, en este no lugar que es el internet, en este tiempo distendido entre líneas de cartas y código binario.

Debo confesar que los nombres son falsos, los inventé para poder hablar libremente, un poco por respeto a la memoria de todos los involucrados. ¡Imagínate un mundo de Otelos! Nunca he visto la obra o leído el texto, mi pecado es haber visto la película.

Volviendo al tema. ¿Has leído El llano en llamas? ¿Recuerdas un cuentito que se llama “Talpa”?

Nunca sabremos la verdad, ni los motivos que llevaron a Luis a tomar la decisión que tomó aquella madrugada. Verás, la fiesta era la despedida de Julia, que se iba a vivir con su padre a Brasil para estudiar gastronomía. No era secreto que el chico estaba enamorado de ella. Pero éramos adolescentes, Julia no creía o no quería una sola relación, y yo me entendía muy bien con ella, jamás nos detuvimos a considerar lo que pasaba por la mente de nuestro amigo, ni sus sentimientos, ni nada. Creo que por eso ella dijo la frase sobre los celos. Nos volvimos a ver un par de veces después del café cada vez que venía de visita, pero nunca fue lo mismo, había un fantasma entre nosotros. Además, la noble sociedad yucateca nos malmiró por mucho tiempo, y ella mejor se fue a Francia con sus abuelos, judíos, así que va bien con la lectura de Amos Oz.

Pues esa es la historia más o menos completa. Repito, no la recuerdo con dolor, lo reitero para asegurarme porque no estoy seguro de poder describir el sentimiento que viene a mi cuerpo. No lo recuerdo a él, no la recuerdo a ella, recuerdo el sonido de las olas y el viento, nunca el mar había sido un mar oscuro como hasta aquella noche. Luego, recuerdo a Julia viendo el mar, los demás estaban llorando o completamente en shock. Yo, tuve que lidiar con la policía y avisar a la familia. Esa fue la peor parte.

Ya, dejaré esto atrás. Yo también considero el suicidio como un acto de auténtica expresión de la voluntad, quizás el único verdadero. Pero no siempre, suena bien por momentos y luego ya no tanto. Supongo que Sartre sabría explicarlo mejor. No conozco la poesía de Alfonsina, pero conozco su canción, sumamente bella. ¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?

¿Alguna vez sentí celos?

Sí. Pero como dices, no tiene caso, cuando sientes celos el otro o la otra se vuelve un objeto, un juguete, un espejo precioso que está siendo robado y que refleja el ego herido, traicionado por la misma inseguridad. Por eso ahora, cuando siento celos, intento reírme de mí mismo; antes hacía corajes y me quedaba amargado y aprendí, gracias a una maravillosa mujer, a divertirme.

¿A qué le tengo miedo?

No podría nombrar un miedo concreto hacia algo. Supongo que sólo siento miedo cuando hay que sentirlo. Le temo a tener miedo cuando el momento sea decisivo. Pero te diré algo, soy un melómano y cuando la hora es oscura y el temor aflora, siempre hay una canción, una melodía que puede salvarnos. A menudo de los Beatles, de Led Zeppelin, y si está muy cabrón, de Cerati. Esto creo que es por el cine, no imagino mi vida sin un soundtrack.

K., ¿visitaré hoy los pasajes de tu laberinto? Poco a poco destilo mi pensar, te respondo preguntas y te cuento las historias que había guardado. Es liberador y lo agradezco, pero creo que hay preguntas cuyas respuestas ya conoces. Crees haber visto a través de mi máscara, no te apresures… ¿Te gusta el ajedrez?

Por último, a mí me gusta mucho el Día de Muertos, la verdad es que la Navidad no, es decir, me gustan las fiestas y la comida, pero el Día de Muertos tiene algo especial, algo que me recuerda cosas que nunca pasaron; me gusta que tenga algo de original, me gustan esos días de estar entre dos mundos.

P.